¿QUIÉN SOY?




Este es el blog de MANUEL BUENDÍA BERCEDO. Pretendo mostrar una propuesta profesional y particular acerca de la Igualdad de Género y las Masculinidades. Veremos algunas respuestas a la pregunta anterior pero sobre todo, haremos muchas más preguntas para invitar o implicar a otros hombres en la Igualdad.



viernes, 28 de julio de 2017

"Hay mujeres que parecen un poco putas"

Dos hombres  estaban charlando en la barra de un bar. Acababan de ver en el periódico la foto de una chica supuestamente “borracha” , en las fiestas de San Fermín, que estaba encima de los hombros de un chico, quitándose la camiseta, y siendo vitoreada por una manada de mozos que aullaban, seguramente también borrachos.

-“Hay mujeres que parecen un poco putas

El hombre A lo dijo, y el hombre B se lo criticó. Dos maneras claramente distintas de interpretar la misma cosa. No es un asunto menor. Fueron dos posturas opuestas, claras y distintas. Posteriormente lo pudieron hablar y se dieron cuenta de que no pensaban tan distinto. Es posible que lo más probable fuera que se pasara por alto este tipo de comentarios, pero esta vez no.
-Me parece muy feo y machista que digas eso- le dijo B.

- ¿Tu no ves que parece que le gusta?- dijo A con intención de disculparse.

- Hay muchas cosas que se pueden decir a eso si tuviéramos tiempo, ¿podemos hablarlo?- le respondió su amigo.

Y así fue, tenían el tiempo (y ganas) y lo hablaron.

B afirmó que ciertamente parece que le gusta pero eso a ellos no debiera de importarles. Le empezó a explicar que los hombres debemos tomarnos muy en serio nuestras conductas machistas, las propias y las de los demás hombres y también deberíamos profundizar en el trasfondo que hay en los pensamientos, sentimientos y actitudes en todo lo que tiene que ver con las relaciones entre hombres y mujeres.

Le propuso que deberíamos manejar con soltura los estereotipos y roles de hombres y de mujeres, tanto individualmente como en grupos, teniendo en cuenta si esos grupos, lo componen personas del mismo sexo o no, si conviven “varias expresiones sexuales diferentes”, o si actúan como fratrías o "hermandades masculinas".


B le explicó que tenemos que manejar con soltura qué es para cada uno “un hombre de verdad”, y “una mujer de verdad”. Un bar también puede ser un buen escenario, como cualquier otro, para hablar de eso. Le dijo que debemos elegir libremente y con consciencia qué tipo de hombre en concreto nos gustaría ser, y saber reconocer cuánto de nuestras ideas coinciden con el modelo de masculinidad y feminidad tradicionales. Hemos de ser conscientes de los aspectos que expresamos  libremente y los que no, cómo son de distintos y cómo nos comportamos ante la diversidad propia y la ajena.

Es muy urgente tener en consideración cómo son los mecanismos de control social en torno a los estilos de masculinidad y feminidad.





Pues bien, después de hablar media hora sobre el tema, orientado sobre todo hacia la conducta de los hombres y menos a la de esa chica, se dieron cuenta de muchas cosas que estaban de acuerdo, aunque al principio tenía la pinta de que no se iban a entender. Al principio no estaban de acuerdo, pero después de hablarse, se dieron cuenta de que podían ayudarse mucho mutuamente. Tenían mucho en común. No estaban en un debate de la tele, por lo que no tenían que "vender ninguna moto" ni defender posturas. Podían ser sinceros. No tenían testigos, nadie a quien convencer y nada que disimular. Allí no había otros hombres. Tampoco había mujeres escuchando ni tenían que competir o “sacar pecho” delante de ellas, algo tan comúnmente interiorizado. No había que aparentar ni un caballero clásico, ni un "posmoderno hombre igualitario".
Estaban solos. Simplemente eran dos hombres “con buena voluntad” y ganas de enterarse de qué va todo este asunto, en el siglo XXI.

El "corporativismo masculino" que suele aparecer tan a menudo al servicio del machismo, en el caso de estos dos amigos ha servido para ayudarse mutuamente, comprender, y recapacitar. (Entiendo que no te lo creas, pero recuerda que son personajes de ficción de un blog de masculinidades).
Reconocieron ambos que habían sido criados en un contexto machista, aunque también es cierto que en distinto grado. También acordaron que ya era hora de que “eso”, reconocer una socialización machista, pueda servir de excusa para no avanzar  y que por fin ya es hora de  mirar para adelante.

Andrés, ese es su nombre, pidió disculpas porque frases como la que dijo, pueden dar la sensación de que generaliza demasiado, y todas las mujeres no son así. Tal vez la chica de los hombros se llama Teresa y no la conoce de nada como para criticarla.

La mayoría de mujeres que conocen Andrés y Bruno, dos hombres en construcción, son mujeres que explicitan claramente que se sienten feministas, o bien dicen que no lo son o no dicen nada pero que dan por hecho una igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, y por supuesto no van a permitir dar pasos hacia atrás.

Echaron unas risas cuando se dieron cuenta también de algo en lo que coincidían que puede resultar muy cómodo. Los hombres tradicionalmente han coartado la libertad de las mujeres y les han dicho lo que tienen que hacer, cómo tienen que vestir o comportarse. Sin embargo estos dos amigos quieren deshacerse de esa responsabilidad. Con lo suyo tienen bastante. No se van a meter con aquellas mujeres que "jueguen con ese fuego" ¡Ellas verán! No es asunto suyo. Es muy cómodo. La energía deben destinarla a criticar a aquellos otros hombres que se propasen, o tengan actitudes sexistas o machistas, reconociendo que es un proceso del que ningún hombre se libra.


Bruno le explicó a su amigo que una sociedad machista, cuando hay un abuso sexual o violencia contra las mujeres, despliega multitud de elementos sociales que tienden a justificarlo, culpabilizando a las víctimas. En esos casos las mujeres tienen la culpa porque han cometido un error, han provocado o no han cumplido una norma.

Andrés no comprendía muy bien qué relación hay en este caso. Unos minutos antes simplemente lo que quiso decir es que creía que "Teresa" había actuado frívolamente y se arriesgaba a que muchos hombres borrachos después se propasasen. No podía librarse de una gran dosis de "paternalismo", es cierto, pero de ahí a pensar que esa chica “tendría su merecido si algo le pasa", hay mucho trecho.

Bruno le hizo darse cuenta de lo importante que es el dejar de poner el foco en las víctimas y no en los autores de los hechos. El alcohol es una cortina de humo, nunca debe ser atenuante. Los hombres no son salvajes por naturaleza. Todo se aprende. La educación de los valores también incluye la educación para hombres y mujeres, de los valores de igualdad, contra el machismo.

En su diálogo sincero llegaron hasta el final. Los dos amigos reconocieron que nunca habían estado en un prostíbulo. Andrés le reconoce a su amigo  que  nunca ha estado con una prostituta porque "no lo ha necesitado", sin embargo admite que ha consumido bastante pornografía. Bruno sigue dándole su opinión, con la única intención de dialogar sin enjuiciar, razón por la cual han podido también estar de acuerdo en varias cosas a este respecto.

Por un lado que la pornografía es muy machista, y denigrante para las mujeres. Andrés lo reconoce. También que la pornografía es el "marketing de la prostitución". Y discrepan en que utilizar el verbo “necesitar” en este caso es bastante peligroso para Bruno, porque la pendiente resbaladiza que te lleva sin pensar a necesitarlo, está muy inclinada.


Ambos amigos se dieron cuenta de hasta qué punto tenemos interiorizado que creemos que el dinero “les pertenece a los hombres”, cayeron en la cuenta de la poca atención que se da a la educación sexual de los varones, (en este caso concreto nos fijamos en ellos) y observaron la creencia  del enorme “capital erótico” que atribuimos a las mujeres sin darnos cuenta.

Conclusión: tenemos un grave problema como “género”, o espabilamos, o no quedará más remedio que la soledad o la fuerza bruta, es decir, violencia hacia uno mismo o hacia otras personas.

Llegado este punto, la frase del título ya no tiene sentido por muchas razones. Ninguno de los dos hombres tienen nada que criticar a las mujeres que se dedican a la prostitución. Esta existe porque hay demanda y machismo, pobreza y exclusión. Lo que pueden hacer es exigir políticas de igualdad y contra la pobreza. El asunto de hoy es muy diferente. Teresa también puede hacer lo que quiera. Andrés a partir de hoy se compromete a eliminar estas expresiones de su lenguaje para que su pensamiento pueda crecer. Tenemos mucho camino por recorrer...



jueves, 29 de junio de 2017

¿Si eres asexual eres menos hombre?

50 ¿Si eres asexual, eres menos hombre?

Un día estaba Jaime escuchando un programa de radio nocturno. En seguida se dio cuenta de que podía ponerle etiqueta a lo que le estaba pasando. En ese programa hombres y mujeres de todas las edades que no pueden dormir o que entretienen su turno laboral nocturno, llaman a la emisora contando su experiencia en "materia amorosa". En muchos casos son "experiencias sexuales". Jaime no tenía deseo y eso le atormentaba enormemente. No sentía deseo sexual. Quizá debiéramos decir con más precisión que "Jaime se había construido una idea de sí mismo en materia sexual como un hombre raro, sin deseo sexual". Todos sus amigos y conocidos, tanto chicos como chicas habían despertado "en su momento" a los deseos sexuales en la pubertad y la adolescencia, y él no.


Vivía como una especie de acoso todo lo que veía y escuchaba en los medios de comunicación, el cine, la televisión o las revistas. Le parecía una hipersexualización o erotización excesiva impuesta. Se veía desplazado en ciertas conversaciones con los colegas. No contaban con él cuando su grupo de amigos organizaba algún tipo de actividad con el propósito de terminarlo por parejas en la cama o "apartados". Pensaba que él era más lento, o que aún no había madurado, era un “retrasado-frío”, en definitiva un “patito feo”. Por su parte, no tenía nada que ver con modelos culturales como esos religiosos tradicionales que hacen apología de la castidad, subliman el celibato ni nada de eso. Llegó incluso a creer que era menos hombre, porque no sentía la necesidad de esa "promiscuidad impuesta" que notaba en los demás. Tampoco tenía necesidad de hacer alardes, "relatar las conquistas", o "calentarse" con bromas o chascarrillos.

Tenía buenas amigas pero no sentía nada sexual por ellas. Llegó a pensar que podía ser homosexual pero tampoco sentía nada por ellos. En la radio le habían enseñado una nueva etiqueta que podría servir para  rebajar algo su ansiedad: ¡resulta que era un chico asexual! Jaime en vez de encontrar respuestas, lo que hizo fue cambiar de pregunta.
- ¿Si soy asexual, seré menos hombre?- se preguntaba.


Rescato esta Buendióldora que apareció en septiembre en la  (Revista de AHIGE, Hombres Igualitarios) para recordar algunas consignas patriarcales. Uno de los principales pilares en los que se apoya el modelo tradicional de masculinidad es el de la promiscuidad sexual. 

El machismo es una ideología de poder y dominación de las mujeres. A esa ideología le interesan hombres agresivos, sexualmente muy activos, "adictos al sexo", impulsivos, arrogantes, vanidosos... Al patriarcado le interesa hombres sin control de su subjetividad, sin control emocional, con una identidad masculina tendente a un único modelo. Se parecerán entre si aquellos hombres que se socialicen imitando ese modelo concreto de virilidad. Pero en el fondo sabemos, hombres y mujeres, que cada hombre es único, máxime si se trabaja a si mismo en libertad, según sus propios rasgos individuales.


Los sentimientos de éxito o fracaso en el campo afectivo-sexual, en los hombres, está atravesado queramos verlo o no, por el modelo de masculinidad que encarnemos. Al protagonista de esta viñeta (Jaime) le vendría bien hacer limpieza de muchas influencias externas e internas que le "desubican" y le dificultan la vida. Con un trabajo personal se conocerá mucho mejor. Con un disfrute de las relaciones "sin agobios", sin presiones externas ni internas, permitirá que surja lo que tenga que surgir. Habrá mayor auto-aceptación. La sexualidad tiene un componente bio-político (Foucault). Aquellas personas, militantes del patriarcado que se crean un "esencialismo" masculino, instintivo, determinista biológico, un naturalismo con una impulsividad genética, les parecerá "lógico" que la prostitución, por poner un ejemplo, tenga una función social positiva y preventiva de las violaciones de mujeres y del abuso sexual, cuando en realidad no es más que un oasis patriarcal donde se desarrollan impunemente las relaciones de poder de dominación/sumisión. La satisfacción sexual que dicen saciar con la prostitución no hace más que calmar durante un instante una "perversa adicción" amén de mirar para otro lado sobre las fallas terribles en materia de Igualdad de las relaciones de pareja.


Estos dos casos, Jaime y un "prostituidor", probablemente son los extremos opuestos. Jaime puede ser un indicador indirecto de todo esto, o viéndolo positivamente puede reflejar una grieta del patriarcado o representar sutilmente una acción social y cultural de resistencia política, aunque él no lo sepa. De momento, para Jaime esta nueva etiqueta le reduce la ansiedad (provisional) para digerir el ser una masculinidad NO hegemónica, pero a mi me gustaría que fuera el comienzo de un bonito viaje de comunicación afectiva, de ricas relaciones sexuales "a su modo", de unas relaciones de género igualitarias, de tú a tú, íntimas, "dérmicas", placenteras, que miran a los ojos, con una "antropología del cuerpo" real, positiva. Insisto en rechazar una sexualidad no "falocéntrica", no "coitocéntrica exclusiva", y por supuesto sin violencia. 

A esta sexualidad que  tiene en cuenta la perspectiva de género, es inclusiva,y diversa, 
habría que añadirle una demanda social y cultural, un prestigio estructural, para que fuera algo valioso y deseado por más personas cada vez. En cierta forma "cada cama es soberana" y esta es una idea poderosa y muy esperanzadora. 







viernes, 26 de mayo de 2017

Una parroquia católica en Malmoe



  50 ¿Qué hago yo en misa en una parroquia de Malmoe?


María tuvo una excelente oportunidad de hacer un Erasmus en Malmoe.  Sus abuelos maternos fueron unos simpáticos jubilados suecos que vivieron sus últimos años en el sur de Andalucía y ahora ella quería hacerles un homenaje queriendo experimentar ese año parte de la cultura, lengua  y tradiciones de “sus ancestros”. Además, sería muy provechoso seguramente para el futuro de su carrera profesional.

Los primeros meses se encontró un poco “perdida” a la par que ilusionada. Fueron demasiadas cosas nuevas y por eso inconscientemente buscó  aspectos a los que pudiera aferrarse, que le resultaran más familiares.

Un día paseando por la calle, vio el cartel anunciador de la visita del Papa Francisco a la ciudad, en los días siguientes, con motivo de la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma protestante. Cuando era niña, asistía con sus padres a “una comunidad de base” muy progresista en Torremolinos, y le pareció una bonita oportunidad para conocer una de las dos parroquias católicas que hay en la ciudad sueca. Ella se crió en un ambiente feminista militante, gracias a su madre y a la vez con un sentido religioso y vida comunitaria próximos a la “Teología de la Liberación", con una teología muy de frontera.


Participó de la Eucaristía y fue invitada al café y pastas posteriores. Le extrañó mucho que de las treinta personas que allí estaban, hubiera sólo dos hombres muy mayores aparte del cura. La mayoría de las mujeres eran jubiladas latinoamericanas. Otro ejemplo evidente que hizo darse cuenta del tremendo techo de cristal (o de cemento) que existen en muchos grupos por todo el mundo. Otro caso con unas bases muy feminizadas dedicadas a los cuidados y servicios mientras que la autoridad depositada en un hombre. Estuvo charlando un rato con Fermín Landa, el párroco de allí, que llevaba cerca de 30 años en el país.  En seguida se dio cuenta que era un sacerdote vinculado al Opus Dei, bastante diferente a todo lo que había vivido en su familia. Conocía varias personas de esa Institución pero tenía vivencias religiosas muy diferentes y por el otro lado les había escuchado posturas muy beligerantes actualmente contra lo que llaman despectivamente “ideología de género”.


Le contó el sacerdote que la Iglesia luterana sueca cada vez está peor porque ha perdido “su exigencia de espiritualidad y está muy secularizada”. No deja de ser "la competencia" y la Iglesia católica se encuentra en suecia en una posición muy minoritaria.

María siempre había pensado que era muy positivo cuando “el hecho religioso y sus representantes” se adaptan cotidianamente al pueblo para el que sirven, pero el tono en este caso no era ese. Don Fermín criticó delante de todas ellas, repito que sólo mujeres, dos claros ejemplos de la “degeneración de la competencia”, la ordenación sacerdotal femenina y la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo. Hoy en día, la mayoría son pastoras e incluso la primada del país es la arzobispa de Upsala Antje Jackelen. Dos aspectos que es más que evidente que no tiene nada que ver con la religión sino con las desigualdades de género, al menos en la vertiente principal.


¡Es imposible que el Papa consiga ponerles en vereda, si pretende la unión de las Iglesias!


 

Esa tarde María aprendió mucho. Ese puro dogma le parece muy machista y patriarcal. Fue clave para encajar todas las piezas del puzle que acumulaba desde que llegó allí. Saber quién era ella, de dónde viene realmente, y la riqueza cultural de ambos lados, a su vez globalizados. Entendió un poco  más el país que visitó y comprendió por qué Suecia está entre los países más avanzados en Equidad de género. La Iglesia oficial ha avanzado allí en ese aspecto, más que las de otros países. Todo es lógico. La Iglesia Católica en Suecia es minoría y apuesta por la línea más conservadora.

Cuando estuvo dos años antes en Londres, en la Iglesia Católica del centro, frente a unos famosos y lujosos centros comerciales tuvo la misma sensación. Al acceder a  la misa, se estrelló con el hecho de que era únicamente en latín.
De nuevo el clasismo y el sexismo, con sus estereotipos tradicionales, están  asociados. El patriarcado y la práctica de las religiones están interconectadas, estan incrustadas mutuamente, de diferente manera en unos países u otros, y a su vez dentro de cada nación.

El rato del café y las pastas y la charla con algunas de las mujeres estuvo muy bien, pero su conversación con Fermín le hizo sentirse extraña  ¿Qué pinto yo aquí? ¿Qué hago yo en misa en esta parroquia de Malmoe?

Parece algo más propio de otras épocas o un rasgo de la estratégica de marketing de un grupo religioso en particular. Los límites de la identidad y a su vez, las paradojas de la diferenciación, expresan relaciones socioculturales realmente complejos. Todo está interconectado  y es interdependiente. A partir de esos dias siguió conociendo otros lugares "más típicos" de ese precioso país, la tierra de sus antepasados.

¡Gracias abuelos!

 

domingo, 30 de abril de 2017

¿El reparto de las tareas domésticas ayuda a la estabilidad de la pareja?



¿El reparto de las  tareas domésticas ayuda a la estabilidad de la pareja?


 En principio, hoy por hoy parece lógico que si ¿Hemos explicitado en común, por medio de pactos y acuerdos, así como por la comprobación de “su cumplimiento”, hemos sido conscientes decía,  en qué medida influye, debilita o refuerza el equilibrio emocional de los dos, y la supervivencia de la relación?


¿Me ayudas a pensar en alto? Seguramente me parece lógico a mí porque previamente ya había llegado a la conclusión de que el reparto de las tareas domésticas es un elemento principal de una pareja igualitaria, modelo que doy por hecho que aspiro a practicar.
Aquella persona que opina que dichas tareas son más "propias de las mujeres"debería cuestionarse que está apoyando un modelo de pareja donde existe una subordinación, unos privilegios más o menos encubiertos por el hecho de ser hombre, aunque no lo dejen por escrito.

 


Pero cuestionando los previos, ¿qué es una pareja estable? Simplificando mucho, “el amor es eterno mientras dura”. Cuando una pareja de un hombre y una mujer, dos hombres, o dos mujeres, comienzan una relación lo hacen  porque coinciden en ese momento, o se ha puesto de acuerdo, en numerosos aspectos.

Pues bien, uno de los aspectos ineludibles previos hoy por hoy, antes de construir un proyecto de vida en común, es cómo se van a repartir los tiempos,  el cómo se van a organizar (¿seguro que es importante?) Cuidarse mutuamente también es "repartir y compensar" la carga de trabajo, y el tiempo libre, tanto individual como colectivo.

Si luego ese pacto no se cumple, es muy probable que la relación se resienta. Si en la práctica comprueban que lo hacen como “acordaron”, se sentirán satisfechas ambas personas por cumplir con el modelo de pareja pactado, sin trampas ¿De acuerdo?
  

El modelo tradicional de pareja heterosexual, con un hombre "cabeza de familia" proveedor, y una mujer madre-esposa dependiente tiene muchas repercusiones y efectos. Uno de los más importantes es el económico. Por eso pregunto, ¿la independencia económica para ambas personas de la pareja es necesaria? Parece lógico que sí. Seguramente me lo parece por la misma razón de antes: el modelo doble proveedor-doble cuidador es lo propio de nuestro modelo igualitario.



¿Creemos que ha reflexionado lo suficiente una mujer hoy por hoy que “decide” dejar su empleo cuando es madre?  Sigue habiendo muchas más de las que pensamos. En un modelo de pareja igualitario no encaja una relación de subordinación. No puede haber un miembro rico y poderoso (con capacidad de agencia, en la mayoría de los casos el hombre), conviviendo con un miembro “pobre”, dependiente (en la mayoría de los casos la mujer). Son relaciones de poder. No puede haber un miembro “privilegiado” conviviendo con un miembro “servicial”. Repito, una pareja igualitaria ideal aspira a ser doble proveedora y  doble cuidadora-servidora.



¿Siempre fue así? ¿Lo viven igual una pareja de 60 años que está planteándose actualmente un divorcio y está con los inconvenientes del modelo estampados en la cara,  que otra pareja joven de hoy? Una se casó hace 40 años cuando no había divorcio y los dos miembros de la pareja asumían las reglas del juego. Parece lógico que no es igual ¿Demasiado simple hasta aquí?

¿Qué ocurre cuando algo falla, y un miembro entra en el desempleo? ¿Cómo se reajustan las tareas cuando es él quien deja de ingresar? ¿El hecho afecta por igual a ellos que a ellas? Vuelvo a la preocupación del principio, ¿esto puede afectar a la estabilidad de la pareja? En caso de que se responda afirmativamente, ¿por qué motivos?

Los datos actuales, incluso en las parejas jóvenes con unas expectativas supuestamente iguales, siguen dando unos resultados desiguales en los usos de los tiempos 

¿Produce esto conflictos en las discusiones actuales? ¿Cómo se gestionan? ¿Hay incumplimiento de los contratos? ¿El tira y afloja en todas estas cuestiones es una “pelea entre iguales” o afloran todos los fantasmas de la socialización de género?

¿Somos libres para seguir en una pareja (estable)? ¿Qué necesitaríamos para serlo?

Estos pensamientos en alto aparentemente simples y seguramente nada novedosos me han surgido cuando he leído “la conclusión” de un estudio sociológico americano sobre la materia:


“la independencia económica de las mujeres no aumenta la tasa de divorcio, lo que disipa la creencia popular hasta ahora asimilada”.


Se entiende bien lo que pretende decir, y algunos flecos entre líneas pueden ser provocativos, pero me ha apetecido en este momento ir muy despacio en esta cuestión ¿De qué sirve NO divorciarte si es porque NO se puede? ¿De qué estabilidad hablamos? ¿No será que falta hacer una mínima reflexión sobre quiénes somos, y qué expectativas tenemos? ¿Trabajamos por nuestra libertad de decidir verbalizando sobre estos aspectos cotidianos de las relaciones de género? 












jueves, 30 de marzo de 2017

¡En estos momentos no necesito vivir con ningún hombre!

49- ¡En estos momentos no necesito vivir con ningún hombre!
El siguiente relato es de ficción. Habla en primera persona una mujer también de ficción. Pero está escrito sin embargo por un hombre que se dirige a otros hombres.

Tanto ellos como yo aspiramos a empatizar con esas mujeres con las que nos relacionamos cada día en múltiples ámbitos.  Están recopilados algunos rasgos escuchados a eellas. Son unas mujeres actuales. 

Tanto ellos como yo podemos mirarnos en numerosos espejos como este con la intención de desprendernos del machismo, y  aprender a ser hombre en una sociedad que dice querer trabajar por la Igualdad efectiva y real entre mujeres y hombres, en una sociedad cada vez mas igualitaria.

¡En estos momentos no necesito vivir con ningún hombre!
Lo normal de las mujeres como yo, que ya hemos cumplido los cuarenta años, hemos tenido varias parejas sexuales en toda nuestra vida. En la misma situación también se encuentran varias de mis amigas.  En mi caso concreto, se puede contar con los dedos de una mano las relaciones “serias” que he tenido, que son aquellas relaciones más o menos largas con un mínimo de vocación de permanencia o compromiso.
 
Tuve  tres años un poco locos  con varias relaciones fugaces con tipos muy variados, algunos muy raros. Estuvo bien. Me lo pasé estupendamente. Coincide con que pude gastar mucho más dinero que ahora, y no le doy más vueltas. Soy una mujer libre y ya no necesito contarle todo a mi abuela, ni buscar constantemente aprobación de la gente. Coincidió esa época con un empleo diferente que tuve en una gran ciudad. En esa época conocí hombres muy machistas de todos los colores, algunos con muy poca conversación. También es cierto que uno en concreto, que se llamaba Bruno, no lo necesitaba. No engañaba a nadie, me ofreció desde el principio "pura relación física". En otra ocasión reconozco que "no vi venir a un típico maltratador". Era muy guapo, subido de arrogancia pero simpático. Al principio era muy atento (en exceso) y coincidió cronológicamente , creo recordar,  con la publicación del "desastroso libro ese" de las 50 sombras. Hicimos cachondeo con el tema y realmente tengo que reconocer que era tan brusco en la cama como el protagonista. Estaba encantado con su pene,  y pienso que tampoco "era para tanto". Cuando empezó con los controles y las escenas de celos, llegó a ser muy agobiante. Duró mes y medio, no sé cómo me deshice de él, pero lo hice. Comprendo que otras no pueden o tardan en darse cuenta.

Las relaciones serias, ya dije que me sobraban los dedos de una mano. Fueron dos o tres. Con Pedro estuve casada once años. Es un buen hombre. Tenemos rasgos de personalidad y ocupaciones  comunes y muchas experiencias compartidas. Es cariñoso,  generoso, y nos compenetrábamos muy bien, con una finísima "complicidad horizontal",  pero como suele decirse para consuelo propio,  “no pudo ser”. No entiendo muy bien por qué extraña razón se empeñó en ser padre. Lo teníamos muy hablado y acordado, pero cambió de opinión de la noche a la mañana como quién pretende cambiar las reglas de un juego a mitad de una partida. A mí me parece muy bien pero no soy la persona indicada. Años después tuvo la oportunidad de serlo con otra compañera de su trabajo. No soporto la presión social que hay tras la maternidad obligatoria.
Con Andrés estuve siete años. Aprendí lo que es estar enamorada, y sin duda ha sido y sigue siendo mi mejor amigo. Compartíamos las anécdotas de los trabajos, y numerosos hobbies  pero la convivencia era bastante conflictiva. Con “las pasiones y las reconciliaciones” no es suficiente para que dure en el tiempo.
Mi primer amor fue el compañero de pupitre de la universidad. Era el más “igualitario” de todos pero duró la relación lo que duró la carrera. Todos han sido diferentes, yo tampoco he sido la misma. Es una bobada pretender encontrar un hombre que contenga lo mejor de cada uno como si nos pasáramos la vida componiendo un puzzle pegando todos los trozos. Yo también tengo mis cosas pero eso para otro día...
En estos momentos estoy mucho mejor sola.